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«Regulación energética y globalización»
Resumen de Prensa InterMoney Energía, martes, 18 abril 2006
FUENTE:
Por Juan Carlos Hernández en La Gaceta de los Negocios
Uno de los
grandes retos de la política energética de los gobiernos es determinar el tipo
de competencia que desean que haya en el mercado interno, lo que exige definirse
acerca de los campeones nacionales.
Esta decisión con frecuencia se plantea
en términos excluyentes: o bien sacrificar la dinamización del mercado interno,
manteniendo empresas de gran tamaño que representen los intereses nacionales,
o correr el riesgo de que las locales sean engullidas por empresas de otros países,
perdiendo la posibilidad de influir en sus decisiones. Sin embargo, la compleja
relación de interdependencia de los mercados energéticos reclama una lectura que
tome en consideración factores geopolíticos.
La oleada de nacionalismo
que recorre los principales países productores, los efectos colaterales de la
guerra mundial contra el terrorismo y el surgimiento de China e India como grandes
actores del escenario energético, han redefinido el panorama mundial. La nueva
diplomacia energética permite que los países con grandes reservas tiendan a favorecer
la participación de empresas provenientes de estados ideológicamente afines y,
en muchos casos, de empresas públicas de terceros países, dispuestas a correr
mayores riesgos políticos y a producir con márgenes menores debido a que no se
encuentran sometidas al control de los accionistas.
Una muestra de ello
es la exclusión de empresas como Shell o Exxon-Mobile de importantes proyectos
en Venezuela o los acuerdos suscritos por Arabia Saudí con China y la India para
garantizar el suministro energético de estas potencias emergentes.
El uso
de la energía como arma de presión política por parte de los grandes productores
es otro aviso para navegantes. Las recientes acciones del Gobierno ruso sobre
Ucrania o la amenaza de Irán de afectar el suministro petrolero si se toman medidas
contra su programa nuclear, así lo ponen de manifiesto.
Y no se trata de
un aviso sin importancia, si se tiene en cuenta que en los próximos años Occidente
dependerá aún más de las energías primarias de Oriente Medio y de otros países
que no comparten sus intereses estratégicos. Esto, sumado a la incertidumbre acerca
del agotamiento de las reservas de petróleo, coloca una nueva espada de Damocles
sobre la seguridad energética global.
La nueva situación geopolítica y
la tendencia a la concentración del sector son factores a considerar al establecer
una política respecto al tamaño que deben tener las empresas nacionales. El sector
energético es intensivo en capital y por ello exige la presencia de empresas con
gran capacidad financiera y acceso a tecnología punta, lo que facilita buena parte
de los futuros desarrollos energéticos. En este sentido, la fortaleza de las empresas
resulta determinante, incluso para los supuestos en que las decisiones sobre asignación
de proyectos obedezcan a factores ideológicos.
Es indudable que os campeones
nacionales tendrán mayores posibilidades de realizar proyectos y establecer alianzas
que les permitan penetrar en nuevos mercados, contribuyendo de esta manera a garantizar
el acceso a las escasas reservas energéticas.
Esto explica que en los últimos
años se estén desarrollando operaciones de consolidación empresarial que han dado
como resultado gigantes energéticos que aprovechan la convergencia petróleo-gas-electricidad.
Y en esta carrera, no sólo encontramos empresas occidentales como BP-Amoco, Exxon-Mobile,
Total, Fina-Elf o las mismas E.ON-Ruhrgas y Gas Natural. Además, se han sumado
empresas chinas como CN-NOC o la rusa Gazprom, convertida ya en la empresa gasista
más importante del mundo.
El sector energético siempre ha tenido vocación
global. Adoptar una decisión respecto a la regulación nacional en materia energética
es una operación compleja, que supone un análisis de la situación empresarial,
económica y técnica de los mercados nacionales. No olvidemos que el mercado energético
tiende a convertirse en uno global y convergente, sujeto a fuertes presiones geopolíticas
que afectan a la seguridad internacional.
En el fondo, la regulación energética
es un buen ejemplo de lo que implica transitar en un Derecho localista a un Derecho
global, generando enfrentamientos entre la protección de las potestades nacionales
y las fuerzas globalizadoras, lo que nos obliga a depender de las decisiones de
agentes externos, incluso en sectores estratégicos para el funcionamiento de la
economía y el bienestar social. Encontrar un punto de equilibrio que nos permita
conciliar ambas posturas es uno de los grandes retos que para el futuro energético
nos impone la globalización. www.negocios.com
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