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BALANCE Y RESULTADO DE LAS LIBERALIZACIONES
Resumen de Prensa Enervía, miércoles, 18 febrero 2004
FUENTE:
Por Gaspar Ariño en Expansión
Las privatizaciones y liberalizaciones en España han hecho posible avances sustanciales en la competencia y en la calidad del servicio en los mercados eléctrico, gasista y de telecomunicaciones.
Va a hacer dos años que publiqué en estas páginas un artículo titulado ‘Es hora de hacer balance’. A los pocos días, una voz amiga me dijo: ¿por qué no lo haces tú? Tras algunas dudas, nos pusimos a trabajar y, hace unos días, la Fundación de Estudios de Regulación (FER), que me honro en presidir, ha publicado una obra en dos tomos: Privatizaciones y liberalizaciones en España: Balance y resultados (1996-2003), cuyas principales conclusiones juzgo de interés para los lectores. Son las siguientes.
Electricidad La competencia eléctrica ha sido hasta ahora escasa, pero se han producido, desde 1998, algunos efectos significativos. Se ha probado, en primer lugar, que el mercado eléctrico es ‘atacable’ y que las empresas eléctricas pueden perder clientes si no se adaptan a las nuevas exigencias competitivas. Esto era algo impensable hace unos años. Asimismo, se ha producido una apertura innegable del mercado a nuevos operadores: Repsol y Gas Natural, juntas o por separado, y otros operadores europeos como EDP, RWE o Electricité de France han puesto sus ojos en el mercado eléctrico español y han tomado posiciones. Es evidente que la ‘vida tranquila’, de la que gozaban unas empresas eléctricas monopolistas antes de 1996, se acabó. Ello ha dado lugar a procesos internos de reducción de costes, ajustes de plantillas, aumento de productividad, diversificación de actividades y oferta de nuevos servicios, que reflejan las presiones que estas empresas sufren en su entorno.
Las empresas eléctricas en España ofrecen hoy un comportamiento y una cultura empresarial bien distintas a la que presentaban hasta 1997. Ha sido notoria también en estos años la reducción de precios y tarifas de la electricidad, que, en términos reales, ha alcanzado el 35% entre 1998 y 2003. Respecto a la cobertura de la demanda y la garantía de suministro, no ha habido grandes apagones (aunque sí algunos), lo que exige perfeccionar la regulación, de modo que sea verdaderamente incentivadora de la inversión en nueva generación y en redes de transporte y distribución.
En resumen, desde 1997 se ha andado un largo camino hacia la creación de mercados eléctricos (éstos siempre serán imperfectos y regulados) y estamos hoy mucho mejor de lo que lo que estábamos con el Marco Legal Estable y con la LOSEN (Ley de Ordenación del Sector Eléctrico, de 1994). Ahora hay que corregir las disfunciones detectadas y culminar, de verdad, el desarrollo del mercado.
Gas El análisis del sector del gas conduce a la constatación de que el suministro ha experimentado también un cambio radical, desde aquel modelo de ‘servicio público’ de titularidad estatal consagrado en la Ley de 1987. Han llegado nuevos operadores y, en una proporción no pequeña (54%), el suministro se ha liberalizado, asumiendo los nuevos entrantes, en pocos años, una parte significativa del mismo (12% en el año 2002).
Al tiempo, se han diversificado los abastecimientos y con ello ha aumentado la seguridad del sistema. El mercado del gas se ha liberalizado progresivamente con medidas como el programa de entrega de gas argelino, la separación de actividades y limitación del accionariado en el gestor del sistema, reducción del tiempo de exclusividad de las autorizaciones, limitación de los periodos de pago del canon de conexión, ejercicio de los poderes de planificación como garantía de continuidad del servicio, y otras. El incremento en el tendido de redes gasistas ha sido extraordinario: la red de transporte casi se ha duplicado en estos cinco años (de 3.000 a 6.000 km., aproximadamente) y la longitud total de redes de distribución otro tanto (de 24.000 km. a 36.000 km.).
La demanda de gas ha pasado de algo más de 9 bcm (miles de millones de metros cúbicos) en 1996 a más de 18 bcm en 2002; y las inversiones han saltado de los 75.000 millones de pesetas en 1997 a más de 150.000 en 2000. Pero, de nuevo, los cambios más importantes no son cuantitativos, sino cualitativos: de un enfoque local y exclusivista del servicio se ha pasado a un enfoque global y pro-competitivo; la convergencia de mercados energéticos –especialmente gas y electricidad– es hoy una realidad, con ofertas conjuntas a los consumidores que permitan a éstos elegir la mejor opción. Y esto no ha hecho más que empezar.
Telecomunicaciones Finalmente, la liberalización del sector de telecomunicaciones es, sin duda, la experiencia más avanzada y más madura. Este sector encabeza la reforma, impulsado por su extraordinaria capacidad de innovación tecnológica y la era Internet. La primera conclusión de nuestro trabajo es que, a pesar de la crisis que ha azotado el macrosector de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), los logros conseguidos son contundentes: se ha roto el monopolio, el usuario cuenta con múltiples ofertas y la competencia es creciente en múltiples segmentos del sector. Conviene recordar que partimos de un monopolio, donde el Estado lo determinaba todo y el usuario era un ciudadano cautivo.
Frente a ello, éste tiene hoy la posibilidad de elegir: a) tres operadores de móviles que compiten entre sí y con las redes fijas por el negocio de voz y datos; b) múltiples redes de cable, que ofrecen ya acceso a la mitad de los hogares españoles; operadores que compiten con gran éxito en algunas demarcaciones y ciudades donde se ha concentrado un esfuerzo inversor y comercializador; c) una oferta agresiva de operadores de acceso indirecto; y d) una oferta moderna y creciente de redes y servicios enfocada al sector empresarial.
La convergencia fijo-móvil y la gestión comercial del cable nos lleva a las siguientes conclusiones: a) la competencia entre plataformas de red independientes es factible; b) el peso del antiguo monopolio de telecomunicaciones fijas no puede frenar (aun si lo pretendiese) el desarrollo comercial de otras apuestas competitivas; c) la posibilidad de ‘abuso de posición dominante’ es muy limitada en el marco de la vigente regulación. Esta competencia ha dado resultados espectaculares. Se ha producido un descenso de precios generalizado. A excepción de la cuota de abono mensual y las tarifas de telefonía local, todos los servicios de telecomunicaciones presentan entre un 50% y un 70% de descenso en precios. Los consumidores han visto transferidas unas rentas de más de 35.000 millones. Asimismo, la inversión se ha diversificado y, aun con la crisis, continúa superando los niveles previos a la liberalización. Algo similar ocurre con el empleo.
El crecimiento neto del empleo desde 1998 no ha sido significativo; sin embargo, estamos ante una demanda radicalmente distinta, donde Telefónica ha pasado de tener 76.000 empleados en 1995 a 41.000 en 2001, pero, en contraposición, el empleo neto de operadores móviles, de cable, de otros servicios fijos, telemáticos y audiovisuales ha crecido considerablemente. Se ha generado también en este sector un cambio profundo de cultura empresarial y una innovación sin precedentes en servicios y modelos comerciales.
Tales son nuestras principales conclusiones. Por supuesto, no todo ha funcionado sin máculas ni errores, pero el balance es francamente alentador.
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