EL PETRÓLEO, PENDIENTE DE LA OPEP Y CHÁVEZ
EDITORIAL EXPANSIÓN

17 Diciembre de 2002



Cuando el precio del petróleo se había tomado un respiro sobre el conflicto en Irak, que sólo podía enturbiar la irrupción de puntuales declaraciones, bien de los líderes iraquíes o bien de la Casa Blanca, algunos nuevos factores han venido a enmarañar aún más el incierto panorama que rodea a esta materia prima, esencial para la economía mundial.

El primero ha sido la decisión adoptada por la OPEP la pasada semana de recortar su producción en 1,5 millones de barriles diarios, para evitar una caída del precio como consecuencia de la bajada de la demanda que la organización prevé que se produzca la próxima primavera.

Los responsables de la OPEP esgrimen un segundo argumento, que es ya reiterativo en los últimos tiempos: los altos precios del crudo no obedecen a razones de mercado sino que están motivados por la presión política que genera la potencial amenaza de un ataque a Irak, y que ha dado lugar a una demanda artificial en previsión de tiempos peores.

Con los países productores jugando a la contra, hay un elemento más que amenaza la estabilidad energética mundial: el caos de Venezuela.

El conflicto interno de este país, el quinto exportador mundial de crudo por detrás de Arabia Saudí, Rusia, Noruega e Irán, ha provocado la retirada del mercado, en el peor momento, de aproximadamente 2,5 millones de barriles (un 3,5% de la producción mundial).

El panorama en Venezuela es desolador: los puertos, los bancos, los aeropuertos y los pozos petrolíferos apenas funcionan; las calles están atestadas de enfurecidos ciudadanos, la mayoría hundidos en la pobreza, que reclaman la dimisión del presidente Chávez, que se niega a convocar elecciones anticipadas.

Ni siquiera la presión de Estados Unidos, su principal mercado para la exportación de crudo, ha hecho entrar en razón a Chávez.

La parálisis de la industria petrolera es un duro golpe para un país en el que el crudo representa el 30 por ciento del PIB, la mitad de los ingresos de las arcas públicas, y el 80 por ciento de sus exportaciones.

Las previsiones hablan de una contracción del 6 por ciento, una inflación del 30 por ciento y un desempleo superior al 17 por ciento.

La decisión de la OPEP y, sobre todo, la situación en Venezuela, han provocado que la cotización del Brent haya subido cuatro dólares en el último mes (de 24,28 dólares el barril a mediados de noviembre a los 28,38 dólares a los que cerró ayer).

Aunque Arabia Saudí, que ya no cuenta con la confianza que antaño le otorgaba EEUU, ha prometido cubrir el vacío de producción que deje Venezuela, lo cierto es que esta hipótesis es muy difícil de materializar.

Este escenario traerá más quebraderos de cabeza a la frágil economía mundial, que depende sobremanera de los precios del crudo y que ya ni siquiera confía en que 2003 sea el principio de la recuperación.

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