Petróleo caro, inflación y menos crecimiento

Resumen de Prensa            Enervía, jueves, 17 marzo 2005

FUENTE: Editorial Expansión


No ha hecho falta esperar mucho para comprobar que el aumento de la producción decidido por la OPEP no sólo no ha servido para bajar el precio del petróleo, sino que ni siquiera ha impedido que continúe subiendo. Apenas dos horas después de anunciar un bombeo adicional de 500.000 barriles diarios, la cotización del crudo escaló hasta un nuevo máximo de 54,55 dólares. Los propios socios del cártel han advertido de que los precios seguirán muy altos e incluso continuarán subiendo.

Desde esta óptica, podría sorprender que hasta hace poco la OPEP haya mantenido como horquilla óptima una oscilación de precios entre los 23 y los 28 dólares. Pero ahora en el mercado se han juntado el hambre con las ganas de comer: el hambre de la espectacular demanda de crudo que está originando el desarrollo económico en Asia, sobre todo en India y China, que está desbordando las expectativas de producción; y las ganas de comer de los socios de la OPEP, que necesitan compensar la merma de ingresos derivada de la debilidad del dólar -el precio real del crudo está un 50% por debajo de su nivel de comienzos de los ochenta-.

Los países de Oriente Próximo necesitan un petróleo caro para financiar unas necesidades sociales cada vez más onerosas. Para las estructuras socioeconómicas de muchos países de la región ya no es sostenible una política de precios bajos. Si a este escenario le unimos los problemas de oferta derivados de la falta de capacidad de refino y de producción, no es difícil diagnosticar que estamos asistiendo a un cambio estructural que va a representar el final de la era del petróleo barato.

Que las opciones de futuros sobre el precio del crudo hasta el año 2010 superen los 40 dólares el barril, o que en las fechas en las que estamos, en vísperas de la primavera y en plena moderación estacional, el petróleo exceda de los 50 dólares, son claros síntomas del cambio de ciclo.
En este escenario, la decisión de la OPEP es estéril, máxime cuando se trata de una operación cosmética, para adecuar las cifras oficiales a la producción real. Su capacidad para influir en los precios empieza a ser muy reducida. No debe extrañar que en otoño, con la reactivación de la demanda, la cotización alcance los 60 ó 70 dólares.

¿Qué lectura deben extraer los países consumidores?
Más allá de las presiones a la OPEP para aumentar el bombeo, las economías industrializadas deben prepararse para reaccionar ante una espiral inflacionista y una merma del crecimiento. La primera medida obligada, sobre todo en el caso de España, pasa por revisar la política energética, potenciar energías alternativas y reducir al máximo la dependencia del petróleo.


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