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Las paradojas de la tarifa eléctrica
Resumen de Prensa InterMoney Energía, viernes, 16 diciembre 2005
FUENTE:
Por Iñaki Garay en Expansion
Los políticos de la oposición y los representantes de los consumidores se están hartando este año de darle patadas en la espinilla al Gobierno por una subida de la tarifa eléctrica que no llega al cinco por ciento. El secretario general de la Energía, Antonio Fernández Segura, un funcionario socialista de viejo cuño, se ha puesto amarillo un año más y está recibiendo leña como si se hubiera puesto rojo.
Su tarifa eléctrica hubiera recogido el déficit que acumula, lo que se debe por los extrapeninsulares (es decir, por dar servicio en las islas) y el precio del pool, la luz debería haber subido el próximo año un 15% de media. Seguramente no era necesario llegar a un porcentaje tan redondo para que muchos de los problemas que arrastra el sector eléctrico se hubiesen encauzado y, de paso, algunos de los que arrastra el propio entramado energético nacional en el que incluyo a los propios consumidores o, en ocasiones, derrochadores de energía. Ese 4.85% de incremento de la tarifa eléctrica, que los políticos oportunistas califican de “salvaje” y los representantes de los consumidores, de “abusivo”, es una subida radicalmente baja que contribuirá a que el año que viene se siga acumulando un mayor déficit de tarifa -otros 2.500 millones de euros, aproximadamente- , fruto de establecer por decreto unos precios de 36 euros el megavatio, cuando, en todos los países que nos rodean, esos precios superan los 55 euros por megavatio. Ya en los mercados a plazo se está comprando la energía a 53 euros por megavatio. ¿Por qué el Ministerio decide que a 36 euros en vez de a 55 euros? Pues porque el entonces secretario de Estado de la Energía del PP, José Folgado, dijo que a 36 euros. La diferencia es que, hace dos años, cuando Folgado decidió esto, el precio del petróleo estaba a 33 dólares y hoy ronda los sesenta dólares el barril. Una vez más, ese ente abstracto que para algunos es la empresa eléctrica tendrá que soportar el momento de irresponsabilidad o cobardía del político.
Cuatro paradojas El problema es que la decisión es una amarga cuestión sin resolver que dejamos para el futuro y que da lugar a cuatro paradojas.
- La primera es la paradoja verde. Durante todo el año pasado se ha vendido que al sector eléctrico se le limitaba la cesión de derechos de emisiones de CO2 para cumplir con Kioto, porque era la única industria que tendría capacidad para repercutir ese coste en los precios. Pues resulta que no era verdad, ya que la tarifa ha sido topada una vez más irracionalmente y no recoge los esfuerzos que se han realizado en materia medioambiental. Son los accionistas de las eléctricas los que tendrán que asumir los costes del discurso verde del Ejecutivo. - La segunda es la paradoja del mercado. ¿Quién va a ir al mercado a comprar energía a 55 para venderla a 36? Este año ha quebrado ya una comercializadora, y el que viene, las que quedan, o quiebran o se van. Todos aquellos consumidores que estaban en el mercado se refugiarán en una tarifa regulada que no recoge los costes, con lo que contribuirán aún más a que crezca el déficit. Para que exista competencia y, por tanto, mercado, tienen que existir márgenes. - La tercera es la paradoja del ahorro energético. Se mire como se mire, la única forma de conseguir que los ciudadanos desarrollen una auténtica cultura del ahorro energético es haciéndoles percibir que la energía no es precisamente un bien barato. Durante los últimos años, la política de los diferentes gobiernos se ha centrado en reducir las tarifas eléctricas hasta el punto de que la electricidad es ahora en términos reales un treinta por ciento más barata que hace ocho años. En estas condiciones, en un país que progresa, nadie va a renunciar al más mínimo nivel de confort (aire acondicionado, calefacción..), lo que provoca un incremento creciente de la demanda, cuya cobertura exige a las compañías nuevas inversiones. Este año, el Ministerio pretende corregir algo esto, penalizando el consumo elevado de energía. Aunque la idea inicial puede ser buena, hay alguna circunstancia que puede distorsionar la medida. Por ejemplo, el hecho de que los consumidores tengan o no acceso al gas. Un ejemplo. Dos clientes consumen la misma energía, pero uno de ellos no tiene acceso al gas y, por tanto, consume más electricidad. El nuevo sistema penalizará a este último y no al otro, a pesar de que los dos consumen igual. - La cuarta paradoja es la del campeón nacional. En los últimos meses, más aún tras la OPA de Gas Natural sobre Endesa, ha vuelto a surgir el debate sobre si es conveniente o no propiciar la creación de empresas fuertes que puedan competir con otros grandes grupos internacionales en el mercado europeo y mundial. Los responsables del Ministerio de Industria se han mostrado favorables a la creación de esos campeones nacionales. Sin embargo, las propuestas tarifarias de los últimos años, sin justificación alguna, más que fortalecer a las empresas españolas, las ha descapitalizado. Es, por poner un ejemplo, como si a los chicos de la selección española de fútbol que acudirán al Mundial de Alemania el próximo verano se les exigiera grandes resultados, pero a cambio se les alimentara con una hoja de lechuga a media mañana y otra a media tarde. De las primas, ni hablamos. Si se desea que las empresas tengan músculo para competir con las europeas, lo lógico, para empezar, es que estén al menos igual alimentadas. Luego, si además hay fusiones, opas o concentraciones...será otra historia.
Los precios del gas El Gobierno, además de las tarifas de la luz, subirá también las del gas, por lo que también ha sido duramente criticado, incluso utilizando a veces argumentos demagógicos, como que se trata de una ayuda a Gas Natural para financiar la OPA sobre Endesa. La razón por la que ha subido el gas -hay que reconocer que el Gobierno ha sido un poco más justo con este sector- es de mercado. Un 20% de la producción de gas en Estados Unidos ha quedado fuera de juego por los efectos del huracán Katrina. La demanda sigue fuerte, pero la oferta se ha recortado y eso supone que los precios se disparan. Si queríamos tener gas, la única opción era pagarlo y para eso había que subir los precios. Aquí, el Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer, sobre todo porque no tenía opción, ya que hubiera sido mucho mayor el coste político de un posible desabastecimiento que el que soportará por la subida. Incluso, los responsables políticos en este caso han ido más lejos y han suprimido algunas tarifas.
La orientación de Europa aconseja que se vayan suprimiendo las tarifas, pero, aquí, los responsables prefieren mirar para otro lado. En una ocasión, un amigo visitó una central térmica en Cuba, que tenía un sistema para calentar el agua de refrigeración de la central. Cuando mi amigo preguntó al ingeniero cubano qué finalidad tenía calentar el agua de refrigeración, el técnico le respondió que se trataba de una central pensada por los rusos para ser instalada en Siberia. Algo así debe pasar con algunos altos funcionarios del Ministerio: están pensados para hacer política energética en otro tiempo y en otro lugar. Optaron por ponerse dos veces amarillos en vez de una vez rojos. El resultado es que se van a poner rojos dos veces: ahora y cuando tengan que revisar de nuevo el marco tarifario.
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