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Morales, ahora a por los bancos
Resumen de Prensa InterMoney Energía, martes, 16 mayo 2006
FUENTE:
Editorial ABC
Evo Morales sigue su proceso de nacionalizaciones a ritmo de crucero. Ayer, cogió nuevos bríos y sembró más incertidumbres sobre el futuro del país andino, perjudicando de paso los intereses económicos españoles; y sólo un par de días después de haber charlado amistosamente en la cumbre de Viena con Rodríguez Zapatero, a quien ocultó su penúltima maniobra. Con la pompa populista que empieza a ser habitual por aquellas latitudes, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, firmó un decreto de incautación adicional al adoptado por su Gobierno hace unos días, asegurándose así el control absoluto sobre todo el mercado del petróleo y el gas bolivianos. Esta vez se exige a los Grupos BBVA y Zurich Financial Service que pongan a su disposición las acciones que controlan respectivamente dentro de los fondos de pensiones «Previsión» y «Futuro». Creados en 1997 con el patrimonio que resultó de las privatizaciones de las firmas estatales que explotaban los sectores estratégicos bolivianos, los fondos gestionan alrededor de 700 millones de dólares en acciones de las empresas petroleras nacionalizadas hace dos semanas.
Con un tono imperativo inaceptable, más propio de una dictadura populista que de una sociedad abierta, el Gobierno boliviano ha dado un ultimátum al BBVA y a Zurich Financial Service para que entreguen a «título gratuito» -tal y como señala el decreto- esas acciones en un plazo de tres días o, de lo contrario, sus instalaciones serán intervenidas. En la rueda de prensa ofrecida por el vicepresidente García Linera en La Paz para informar de la decisión, se esgrimió varias veces la idea de que la medida era la respuesta a la negativa de los gestores de los citados fondos a ceder las acciones de su propiedad sin un justiprecio que los indemnizara por las utilidades derivadas de la inversión que llevaron a cabo hace diez años. De esta manera, las declaraciones del vicepresidente boliviano y el tenor del decreto desmentían las afirmaciones que hacía al mismo tiempo Evo Morales en el Parlamento Europeo. En el pleno de la Eurocámara, el presidente de Bolivia insistió varias veces en que las decisiones nacionalizadoras de su país no debían interpretarse como una expropiación de las inversiones extranjeras. De hecho, los inversores podían estar tranquilos ya que se les reconocía en todo momento el derecho a recuperar su patrimonio, aunque no el control de los recursos naturales que explotaban, pues éste tiene desde hace unos días un único y definitivo dueño: el pueblo de Bolivia.
Sin embargo, el decreto aprobado ayer niega esta declaración y pone en evidencia su tenor demagógico y populista. No hay que olvidar que de acuerdo con la nueva nacionalización estamos ante una entrega forzada de las acciones que gestionan los citados fondos de pensiones. El ultimátum es, como se encargó de reiterar el propio García Linera, «así de claro»: o se hace la entrega a título gratuito y sin compensación en el plazo de tres días o se incautarán los activos patrimoniales y, de paso, se intervendrán las instalaciones de las empresas interesadas radicadas en Bolivia. En fin, todo un ejemplo de seguridad jurídica.
Lo sorprendente de este escenario es que tiene lugar a tan sólo unos días de la entrevista que celebraron el pasado fin de semana en Viena los presidentes Rodríguez Zapatero y Morales, mientras se desarrollaba la Cumbre Unión Europea-América Latina. Después del enrarecimiento de las relaciones bilaterales vivido hace poco más de una semana, la entrevista pareció despejar supuestamente las dudas que pendían sobre la sinceridad del líder boliviano acerca de su respaldo a los intereses españoles en el país. Pero todo se reveló ayer como un truco. No sólo no se corrige la política de nacionalizaciones, sino que se amplía a otros campos de inversión extranjera. Demasiado grave para que Rodríguez Zapatero siga pensando que las decisiones de Morales son «problemas puntuales».
Ni diálogo, ni respeto ni reglas claras. Ese es el mensaje que emite al mundo la Bolivia de Morales. Ahora le corresponde a Zapatero responder con rotundidad a la sucesión de gestos inamistosos que viene exhibiendo hacia España y sus intereses económicos el populismo del líder cocalero. No cabe repetir la estrategia aquiescente seguida hace unos días. Ya no caben más monsergas. Ahora corresponde exigir el respeto a la legalidad y presionar con todos los medios diplomáticos disponibles. De lo contrario, el ejemplo boliviano puede cundir en Iberoamérica y, entonces, el daño para España será irreparable.
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