El fin del petróleo barato: impacto sobre España

Resumen de Prensa            Enervía, miércoles, 16 marzo 2005

FUENTE: Por Roberto Centeno. Catedrático de Economía de la Escuela de Minas de la UPM


por primera vez en la historia, la pasada semana se empezaron a negociar opciones de crudo a 100 dólares/barril, pero más significativo aún: todos los futuros sobre el precio del petróleo hasta el año 2010 se encuentran hoy por encima de los 40 dólares/barril. Este hecho no es más que el reflejo del cambio estructural que se ha producido en el mercado petrolero, como consecuencia de la falta de capacidad de producción y de capacidad de refino, después de haber mantenido fuertes sobrecapacidades en los últimos treinta años.
La segunda de las carencias -la capacidad de refino- se resolverá sin duda en 3 ó 4 años, pero la capacidad de producción de crudo es mucho más problemática, porque, a día de hoy, parece bastante claro que todos los grandes yacimientos, fuera de Arabia Saudí, Irak y Khazastán, ya han sido probablemente encontrados, hasta el punto de que las ocho primeras sociedades petroleras mundiales no han podido recuperar en los últimos cinco años más allá del 60% de las inversiones realizadas en exploración con el valor actualizado de los hallazgos y, además, ninguna de ellas está pudiendo reemplazar el crudo consumido anualmente. En las fechas en que estamos, casi en primavera y, en consecuencia, en pleno descenso estacional de la demanda, el crudo debería estar hoy por debajo de los 40 dólares y, sin embargo, está por encima de 50. Las causas son claras, el margen entre capacidad de producción y demanda apenas supera el 1% y, además, los crudos aún disponibles son ácidos o pesados, totalmente inadecuados para obtener las calidades de productos que el mercado demanda.

A estos efectos, la reunión de hoy de la OPEP es irrelevante; la propuesta saudí de elevar la producción en 500.000 barriles / día no es más que certificar la realidad, ya que el cártel viene produciendo 600.000 barriles / día más desde principios del año. El problema se presentará en otoño, con el incremento estacional de la demanda, que podría elevar los precios a cifras entre los 60 y los 70 dólares, pues la OPEP, con una producción actual de 27,2 millones de b/d, está bombeando muy cerca de su capacidad máxima 28,4/28,9 y el consumo crecerán 2,5 millones de b/d en 2,5 mbd en 2005. En definitiva, parece que hemos llegado al final de la era del petróleo barato y ello tendrá implicaciones muy serias sobre el crecimiento y la inflación futuros, aunque éstas puedan ser muy diferentes de un país a otro; pero si hay una economía que va a resultar seriamente afectada, ésa es, sin duda, la española.

Energéticamente hablando, España se encuentra en la peor de las situaciones posibles, y ello no porque sea una isla energética, como dicen algunos cursis, sino por la absoluta incompetencia con el que el tema energético ha sido tratado tanto por los gobiernos del PSOE como los del PP, y que nos ha llevado a un nivel de dependencia del petróleo y del gas, que es un 50°% superiora la media de la UE, a unos costes de generación eléctrica entre un 60% y un 80% superiores a los de los países centrales europeos, y a una eficiencia energética inferior también a la media, pues somos tremendamente ineficientes en el transporte -consumimos 97 toneladas de petróleo equivalente por millón de toneladas/Km, frente a 54 de la media de la UE-25, y en el sector terciario hemos pasado de un índice 100 en 1990, a 148 en 2004, frente a 78 en que se ha situado la media de la UE-25.

El primer gran disparate energético fue la moratoria nuclear a mediados de los 80, donde 5.000:MW de potencia, prácticamente terminados, fueron paralizados y desmantelados por pura demagogia. El coste directo repercutió en el recibo de la luz con un incremento del 3,5%, que todavía seguimos pagando y que heredarán nuestros hijos, pero esto no fue lo peor, lo grave es que 40 millones de MWh/año que estas centrales están produciendo hoy, a un coste de II euros/MWh, tienen que ser producidas con otras energías con un coste entre 60 y 70 euros/MWh, es decir, entre 2.000 y 2.300 millones de euros/año, en conjunto un incremento del 20% en el recibo de la luz, que cada vez irá a más, conforme los precios del petróleo y el gas sigan subiendo.
Los siguientes disparates fueron del PP. El primero, la desastrosa negociación del Protocolo de Kioto, aceptando estúpidamente que primarán los crecimientos de las emisiones y no las cifras absolutas, por lo que, a día de hoy, y siendo el tercer país menos contaminante de la UE, 7.300 kg de C02 por habitante y año, un 20% menos que la media y un 30%/40% menos que países como Alemania, Dinamarca o Rusia, vamos a tener que pagar a los que contaminan más que nosotros, unos 1.600 millones de euros/año a partir de 2010; lo que; sin duda, nos convierte en los chicos más tontos del barrio. El segundo, la puesta en marcha de un Plan Eléctrico y Gasista, que simultáneamente apuesta por las energías más caras del mercado, el incremento de nuestra dependencia energética, el incremento del efecto invernadero y de los riesgos para el entorno, y por una concentración de los suministros del gas sencillamente suicida. Si existiera un récord Guiness al disparate energético, el plan en marcha, sin duda, se llevaría el primer premio.

Y ahora llega el Gobierno Zapatero y, en aplicación de los principios del izquierdismo radical que representa, nos propone: cierre paulatino de nucleares y del carbón, sustituidas por energías supuestamente verdes, es decir, justo lo que nos faltaba para llevar nuestra economía al colapso. En efecto, técnicamente hablando y como consecuencia de un déficit exterior en máximos históricos, la economía española se encuentra hoy
en recesión, algo que no se ha materializado porque nuestra pertenencia a la zona euro ha impedido la inevitable depreciación de la moneda y la fuerte subida de los tipos de interés que habrían detenido el crecimiento.
Por esta razón resulta absolutamente esencial para mejorar la productividad de nuestra economía disponer de energías baratas e independientes del petróleo y del gas natural, y aquí sólo hay una alternativa; la energía nuclear. Piénsese, además, que los ciclos combinados alimentados con gas líquido producen un efecto invernadero un 22% superior al de una central de carbón debido a las pérdidas de metano en toda la cadena- un 5%-, cuyo efecto invernadero es 28 veces superior al del C02, y respecto a los peligros para el entorno, en caso de accidente o atentado contra un metanero o un terminal de almacenamiento de gas líquido, lo ocurrido en Chernobil sería una auténtica broma.

En, definitiva, el cambio estructural producido en los suministros de petróleo y gas, y la extrema debilidad de nuestra economía, exigen un replanteamiento completo de toda nuestra estrategia energética.




www.expansion.com