Hacia un mercado europeo

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, lunes, 12 junio 2006

FUENTE: Por Antonio Fernández Segura en Cinco Días


Un mercado en la UE. La creación de un mercado único de la energía en la UE se basa en objetivos que nadie cuestiona, y más cuando la dependencia energética es tan alta como las incertidumbres. Sin embargo, casi todos los países de la Unión quieren controlar sus grandes grupos eléctricos o petroleros


La imparable escalada de los precios del petróleo ha puesto de relieve la cuestión todavía más importante de su escasez. Me refiero a la probabilidad de que a un plazo indeterminado surjan dificultades en el suministro mundial de este combustible a precios accesibles, contingencia que ha provocado fuertes tensiones internacionales.

En el mercado del petróleo, en poco más de un año y medio hemos pasado de una situación de relativa estabilidad a otra en la que primero fue el continuado incremento de los precios la principal preocupación para pasar al primer plano en la actualidad el riesgo de la seguridad del suministro, la causa que explica algunas reacciones de nerviosismo en el ámbito mundial.

La seguridad del suministro energético se ha convertido en un problema mundial muy serio, en una cuestión clave en la actualidad y para el futuro, hasta el punto de haber originado una cierta percepción de riesgo por parte de la sociedad. Un riesgo tan perceptible y real de conflictos relacionados con el acceso a las fuentes de energía que explica la formulación de Polonia de crear de una especie de OTAN energética para asegurar los suministros internacionales, propuesta que da una idea de la hondura de la intranquilidad que se ha instalado en nuestras sociedades.

Ante las nuevas circunstancias, lo más sensato que se puede pedir en primer lugar es el reforzamiento del papel del Estado en este campo, muy especialmente en relación con el capítulo de las relaciones internacionales con los países productores.

En mi opinión, Europa debe abordar una táctica común para encarar el problema. Una estrategia conjunta será la mejor manera de enfrentarse a unos hechos especialmente preocupantes para un continente con escasísimos recursos energéticos dependiente de los suministros de otras áreas geográficas.

Esta podría ser la idea directriz que uniera a los europeos en la necesidad de ir construyendo poco a poco un mercado común energético que cada vez parece más necesario. Un mercado interior europeo que, en otro orden de cosas, hoy no existe y que no existirá mientras no se den una serie de condiciones. Una de ellas, un mayor compromiso para aumentar las interconexiones físicas en las fronteras. Otra, la aplicación de una regulación similar, no necesariamente igual, en los distintos países

Y aquí llegamos al análisis de la actual situación. Mientras no haya similitud de los sistemas europeos y competencia efectiva entre sus empresas, lo que hoy no existe debido a que hay empresas tanto públicas como privadas y una regulación desigual como consecuencia de que las transposiciones se han realizado de manera diferente en los diversos países, no puede haber un mercado integrado ni una regulación común.

Debemos ir hacia un modelo en el que el mix energético tendrá que ser diseñado progresivamente por las instituciones a la Unión Europea y la garantía de suministro para todos los países de la Unión Europea sea responsabilidad de la Comisión Europea, que en ese momento tendrá que actuar con criterios de organismo regulador común. No parece que estos objetivos puedan conseguir antes de 2010.

España apuesta por un modelo en el que haya tanta competencia como sea posible, que a su vez sea compatible con la seguridad del suministro y la reciprocidad en el libre movimiento de los capitales en el espacio europeo. Un esquema institucional realista que provenga de la consecución de acuerdos políticos.

Cuando hayamos alcanzado ése escenario, tendremos en Europa una capacidad de interlocución de peso con los países productores. En el ámbito interior, contaremos con un modelo de competencia entre grupos empresariales fuertes, integrados y de implantación regional. Mientras tanto, es insoslayable aplicar la cláusula de reciprocidad en los movimientos empresariales y nadie podría acusar a Gobierno alguno por tener la propensión inevitable de proteger sus sistemas y a sus empresas, receta básica para asegurar algo más esencial como es la garantía del suministro.

Si el mercado europea estuviera integrado nadie pondría obstáculos a los movimientos de capitales, pero hoy, tal como están las cosas, las medidas nacionales de protección son inevitables.



www.cincodias.com