|
Las energías renovables no necesitan cambios
Resumen de Prensa InterMoney Energía, miércoles, 12 abril 2006
FUENTE:
Por Lorenzo B. de Quirós en El Economista
Hace dos años, el Real
Decreto 436/2004 definió la metodología para la actualización y sistematización
del régimen jurídico de la producción de energía eléctrica en régimen especial,
marco en el cual se insertan las renovables. Con esta normativa, el gabinete pretendía
impulsar la transición de un modelo excesivamente subvencionado a otro con un
mayor protagonismo de las fuerzas del mercado. De esta forma se aspiraba a reducir
las distorsiones creadas por las excesivas ayudas estatales a las energías renovables,
lo que las forzaría a ser más competitivas.
Ante la nueva regulación, la
mayor parte de las compañías, en especial las eólicas, apostaron por acudir al
mercado estimuladas por los incentivos que el propio Gobierno había establecido
para facilitar ese paso. Ahora parece que el Ministerio de Industria está pensando
en modificar las reglas del juego. Esta decisión no es baladí y supuesta en marcha
podría causar perjuicios significativos tanto a las empresas como al buen funcionamiento
y a la evolución del sistema energético nacional.
A priori, el cambio de
posición gubernamental se sustentaría en la subida de precios registrada en el
pool eléctrico a lo largo del año. Esa alarma quizá sea explicable pero yerra
en su determinación de las causas que no radican en la actuación de los productores
de régimen especial sino en factores exógenos: el encarecimiento del petróleo,
del gas y la baja hidraulicidad derivada de la “pertinaz sequía”.
Pero
hay más. Las renovables son una de las escasas fuentes disponibles para aumentar
la oferta de energía doméstica, para obtener la electricidad de zonas cuyos recursos
energéticos clásicos son escasos o inexistentes y para disminuir la dependencia
del exterior. Por otra parte, España es líder en un sector de futuro -el segundo
país del mundo en implantación eólica-, ha construido un importante sector industrial
asociado a ella y, al amparo de la actual legislación, las empresas han asumido
compromisos de inversión y de financiación multimillonarios. Por tanto, los experimentos
conviene hacerlos con gaseosa.
Los inversores nacionales e internacionales
han realizado una fuerte apuesta por la energía eólica y por el resto de las renovables
por dos razones básicas: primera, porque creían en la existencia de una clara
voluntad política orientada a impulsar su expansión; segunda, porque confiaban
en que el gobierno mantuviese un marco retributivo estable.
Las compañías
se creyeron el Plan de Energías Renovables aprobado por el gabinete el pasado
año y sobre esa base programaron sus estrategias y sus decisiones de inversión.
Esas expectativas sufrirían un duro golpe si se alterase el escenario normativo.
Esta
iniciativa sumaría a la incertidumbre lógica de cualquier iniciativa empresarial
la adicional de un riesgo regulatorio imprevisto. Éste es un caso de libro de
inconsistencia temporal de la política económica y, como enseña el manual, su
impacto es siempre negativo. Por un lado, muchos proyectos podrían paralizarse;
por otro, se incentivaría una deslocalización de inversiones locales y foráneas
hacia otras áreas con normativos más favorables. En este caso y de acuerdo con
el Protocolo de Kioto, España pagaría, por las emisiones no reducidas en nuevas
instalaciones eólicas, lo que se ahorra en remuneración del Kilovatio hora producido.
Ante
esas potenciales amenazas es fundamental mantener las reglas del juego y, de modo
crucial, el sistema retributivo fijado en el Real Decreto 436/2004. La electricidad
de origen renovable debe poder seguir yendo al mercado y su retribución tiene
que reflejar la evolución del coste real de la energía eléctrica en el sistema.
Si se la somete un precio fijo, se congelarían las posibilidades de desarrollo
de muchas instalaciones. Ello resultaría contradictorio con la retórica y los
hechos desplegados desde los poderes públicos en los últimos años. Por añadidura
se eliminaría el principal elemento regulador de una economía de mercado, el libre
movimiento de los precios relativos. Por último, asumir una retribución fija equivale
a primar a los rentistas frente a los emprendedores, criterio poco compatible
con los principios del libre mercado, con la eficiencia y con los más elementales
criterios de justicia. Uno de los mejores instrumentos para la creación de un
modelo energético moderno en España es que un mercado de renovables liberalizado
ejerza presión competitiva sobre las partes fosilizadas del resto del sistema
y las fuerce a se más eficientes.
Las renovables necesitan aire, agua,
sol y campo para desarrollarse pero lo esencial, como en cualquier otra actividad
económica, es contar con normas adecuadas, claras y estables. Sería absurdo que,
por una precipitada respuesta a un problema coyuntural o por falta de reflexión,
España introdujese una regulación que le hiciese perder su liderazgo mundial en
el campo de las energías renovables. Ha costado mucho talento, esfuerzo y dinero
a las empresas españolas llegar hasta donde lo han hecho. Por eso cabe esperar
que el Ministerio e Industria recapacite y que el sentido común se imponga. No
tiene sentido modificar las reglas del juego cuando el partido ha comenzado y
los equipos han programado la temporada. www.eleconomista.es
|