|
Lo que la liberalización eléctrica pudo ser
Resumen de Prensa InterMoney Energía, miércoles, 12 abril 2006
FUENTE:
Por Enrique Giménez Sainz de la Maza en Cinco Días
A escasamente
un año de la liberalización eléctrica total en la Europa comunitaria, y tras ocho
años de proceso liberalizador en España, la realidad es que lo poco logrado durante
todo este tiempo en nuestro país se está perdiendo a marchas forzadas. ¿Por qué?
Porque desde el principio se han hecho las cosas a medias, sin una vocación clara
de ruptura con el sistema actual y sin un objetivo determinante de conseguir un
mercado eléctrico competitivo. Son muchas las acciones que se pudieron haber tomado:
l
La separación jurídica implantada en España ha permitido que convivan las divisiones
generadoras y comercializadoras de los grupos verticalmente integrados, creando
una cobertura financiera entre ambas, de modo que si el precio del pool es alto,
gana la generadora, y si es bajo, la comercializadora. Una buena medida sería
la de separar sus cuentas de resultados por actividades, ofreciendo así una mayor
transparencia de cara a sus accionistas, y permitiendo de este modo demostrar
casos de dumping que hacen imposible competir a las comercializadoras no verticalmente
integradas.
La separación jurídica española no ha impedido la transferencia
de información de la distribuidora a la comercializadora, facilitando el acceso
y la captación de clientes y creando una vez más una situación discriminatoria
hacia los nuevos comercializadores. Por lo tanto, lo que se debería de haber hecho
es afrontar el problema al estilo inglés, rompiendo los monopolios regionales
en tres sociedades accionarialmente independientes: una generadora, una distribuidora
y una comercializadora autónomas entre ellas. Otra medida interesante hubiese
sido impedir a la comercializadora del grupo empresarial que en la zona fuese
la distribuidora competir en el mercado libre en dicha zona.
l Está claro
que cuantos menos actores operan en un sector hay más tentación de manipulación
de precios. Una buena medida hubiese sido atomizar el parque de generación en
un número de operadores tal que existiese verdadero interés por competir, como
por ejemplo se hizo en Reino Unido a mediados de los noventa.
l Una gran
iniciativa hubiese sido el desarrollo o fomento en la creación de otros mercados
además del pool eléctrico. Hubiese sido clave la creación de mercados eléctricos
a plazo donde cualquier agente hubiese podido comprar y/o vender electricidad
a largo plazo de forma física o financiera y no estar expuestos a la incertidumbre
del mercado spot. Ocho años después, esta opción sigue sin existir de una forma
relevante.
l Un problema endémico en el sistema eléctrico español es la
falta de calidad en la medida, dada la poca o nula flexibilidad de los equipos.
La solución podría haber pasado por: a) diseñar unos perfiles de consumo estándar,
bien hechos a la inglesa, es decir, sin mezclar en un mismo perfil a consumidores
pymes y domésticos cuyo comportamiento de consumo en la realidad es diametralmente
opuesto; o b) ir por una solución a la italiana, donde cada punto de consumo tenga
un contador horario que permita total flexibilidad de comportamiento y, por ende,
de ahorro. La realidad española es que un segmento nada despreciable de 22 millones
de clientes ha sido, es y será inviable como cliente de mercado libre. La manipulación
del tratamiento de los interruptores de control de potencia (ICP) ha sido otro
caso evidente de barrera de entrada y convivencia entre distribuidora y comercializadora
del mismo grupo empresarial.
l No está justificado que los consumidores
pymes y domésticos tengan que pagar unos costes regulados como los ATR, la garantía
de potencia y las pérdidas de transporte y distribución de más del doble de cuantía
que los consumidores industriales.
l Asimetría en costes regulados cuando
se compara mercado libre y mercado regulado. No tiene ninguna explicación lógica
porque el mismo problema es mucho más costoso en el mercado libre que en el mercado
regulado y me refiero a los costes por excesos de potencia y energía reactiva.
En este último caso es aún más ilógico que, a ciertos niveles, en el mercado regulado
haya bonificación pero en el mercado libre nunca pueda darse bonificación. Estos
costes deberían ser iguales en ambos mercados y no suponer una barrera de entrada.
l
La tarifa española es probablemente un caso único y la mayor barrera para la liberalización
eléctrica. El hecho de que el Estado se convierta en el principal competidor de
las comercializadoras, estableciendo una tarifa que no refleja los costes de generación
y creando un dumping oficial, hace inviable la labor de las comercializadoras.
No debe confundirse la obligación de prestar un servicio público por parte de
las distribuidoras, es decir, que todos los españoles tengan derecho a una acometida
eléctrica, con que ese servicio sea un subsidio, financiado además por los mismos
consumidores, pero en años futuros. De este modo, se aniquila la competencia y
se pasa el problema a legislaturas futuras, por no querer afrontar el coste político
de incrementar las tarifas hoy en vez de en 10 años.
l El Estado es quien
tenía que haber educado a los consumidores españoles sobre la bondad de la liberalización
eléctrica y de sus pros y contras. La realidad ha sido que han tenido que ser
las propias comercializadoras las que educaran a los clientes.
l En un
proceso emergente de liberalización es preciso un regulador que con mano dura
vigile el cumplimiento de las normas. Cuando se perciba que los precios al por
mayor aumentan de repente, se tomen acciones inmediatas de investigación y, en
caso de encontrar actuaciones anticompetitivas, imponer sanciones ejemplarizantes.
Que cuando se detecten incumplimientos de legislación de forma automática adopte
al menos medidas cautelares hasta que se aclaren las circunstancias. Que cuando
el Gobierno le inste a desarrollos legislativos no se dilate en su implantación.
Por
otro lado, me gustaría apuntar que el hecho de marcar los precios de la electricidad
que pagan los consumidores como referencia de éxito de un proceso de liberalización
no es necesariamente una medida correcta, ya que la electricidad tiene que costar
lo que valga generarla, transportarla y distribuirla, ni más ni menos. Hoy en
España aún no sabemos lo que vale la electricidad, sólo lo que cuesta, ya que
la referencia del mercado está condicionada por variables exógenas como CTC, emisiones
de CO2 regaladas, mercados de restricciones manipulables, etcétera. Lo que no
puede ser es que cueste menos que lo que vale por un subsidio estatal encubierto
como es el déficit de tarifa.
Finalmente, añadir que un proceso liberalizador
necesita una estabilidad y seguridad jurídica para que los clientes y los inversores
sepan a qué atenerse, y que las decisiones estratégicas no dependan del color
del Gobierno de turno en el poder o de que una empresa española o extranjera decida
comprar otra.
Con estas actuaciones y alguna más, estoy seguro de que hoy
España sería un ejemplo de liberalización eléctrica como lo es Reino Unido.
www.cincodias.com
|