Cuando el crudo es oro

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, miércoles, 12 abril 2006

FUENTE: Por Fernando González Urbaneja en ABC


El precio del crudo anda más cerca de los setenta dólares barril que de los sesenta y nada indica que vaya a ser más barato en el inmediato futuro. Las incertidumbres que se ciernen en torno a algunos de los grandes productores y exportadores son suficientes como para estimar que no es previsible, a corto plazo, un incremento de la oferta de crudo. Y sin ese incremento, el precio seguirá por las nubes.

A medio y largo plazo es previsible un aumento de la producción de crudo con el descubrimiento y la puesta en explotación de nuevos yacimientos que, con los actuales precios, pueden ser rentables. Pero mientras se materializan las inversiones necesarias para poner en el mercado esos yacimientos, el precio del crudo será alto y el coste energético gravitará sobre las economías como un obstáculo al crecimiento.

Para la economía española el coste del crudo es un factor relevante, más que para otras economías de la zona ya que su dependencia energética es mayor y la necesidad de petróleo más acuciante. Los sucesivos gobiernos de la democracia se han tomado la cuestión energética con parsimonia, como confiando en la divina providencia. Apenas ha habido cambios de estrategia para reducir la necesidad de crudo.

El año 1983, al llegar los socialistas al poder y conforme a su programa electoral (que en este punto aun no ha evolucionado), quedó suspendido y paralizado el desarrollo nuclear, por la mal llamada moratoria que liquidó varias centrales iniciadas y consolidó lo que había. Desde entonces, lo nuclear ha sido decisivo, por todos los conceptos, para sostener el crecimiento, que sin lo nuclear se hubiera estrellado en la impotencia.

De entonces acá las energías alternativas, especialmente la eólica, y el gas han sustentado el crecimiento de la oferta energética pero con costes altos y con limitaciones para el futuro. Se requiere más alternativas y nuevas políticas para mitigar el efecto de un petróleo cada día más costoso, más exclusivo y más demandado.

Para hacer frente a la creciente necesidad energética habrá que abrir fronteras, multiplicar los intercambios, incentivar las políticas de ahorro y aprovechamiento, diversificar los suministros... en resumen desplegar toda una panoplia de medidas y políticas que eviten que la energía se convierta en un obstáculo insuperable para sostener el actual crecimiento.

En la Unión Europea parece que han tomado nota del problema, que preocupa a todos los países miembros (aunque más agudamente a España) y la Comisión lo ha colocado entre sus prioridades. Diseñar una política energética común llevará tiempo, requiere renuncia de ciertos espacios de soberanía y mangoneo de los gobiernos estatales. Así que los resultados tardarán en llegar. Mientras llega ese momento, el gobierno español haría bien en tomarse más en serio la cuestión energética.


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