La presión que llega de Bruselas

Resumen de Prensa            InterMoney Energía, viernes, 07 abril 2006

FUENTE: Por Joaquin Romero en El Periódico


Los famosos lobis que operan en Bruselas para defender los intereses empresariales y/o nacionales tienen un poder muy importante. Sería un error ignorar hasta dónde pueden llegar, como también lo sería pensar que su actividad es ilegal o ilegítima. Por eso, y aunque aquí nos pueda sonar a escandaloso, no hay que rasgarse las vestiduras cuando la Comisión Europea repasa al Gobierno español a propósito de la escasa liberalización del mercado energético local con una dureza impropia; sobre todo si tenemos en cuenta que en algunos países centrales de la UE, como es el caso de Francia, las primeras empresas tanto eléctricas como gasísticas son de titularidad estatal y, en consecuencia, tienen sus mercados mucho más cerrados que el nuestro.
De hecho, el Gobierno del Partido Popular fue uno de los más liberales de la UE. Se dio tanta prisa en la apertura del mercado energético que tuvo que inventar sobre la marcha la llamada ley Rato, un instrumento con el que el Estado podía vetar un movimiento que supusiera la entrada de una empresa pública extranjera --concretamente, la francesa EdF-- en una privada española --Hidrocantábrico-- en el marco de un mercado interior casi liberalizado. Es curioso que ahora, en abril del 2006, cuando EdF aún es estatal en un 85%, Bruselas denuncie aquella norma española de salvaguarda. Porque el hecho de que el Estado tenga presencia en una empresa casi monopolística en su ámbito natural de actuación no sólo quiere decir que las arcas públicas se benefician de esa situación, sino que en efecto pueden manejar el mercado en función de intereses no únicamente empresariales.
Los ministros de Finanzas de la UE estudian este fin de semana el llamado nacionalismo económico a propósito de los movimientos de los últimos meses en torno a ciertas operaciones energéticas. El Gobierno español no puede dejarse presionar por teorías que en el día a día nadie lleva a la práctica, y menos aún cuando hoy esas declaraciones responden más a los intereses de los lobis que a la realidad.


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