Bush consigue el gasoducto afgano

Fuente: La Vanguardia

 

El gasoducto transafgano, el proyecto estadounidense más ambicioso en la trastienda de la campaña de Afaganistán, es ya una realidad. Ayer en Ashgabat, capital de Turkmenistán, el presidente afgano, Hamid Karzai; su homólogo turkmeno, Saparmurat Niazov, y el primer ministro pakistaní, Zafarullah Jan Jamali, firmaron un acuerdo tripartito para la construcción de una línea de 1.460 kilómetros que transportará gas natural desde los yacimientos de Davleybad, en Turkmenistán, hasta el puerto pakistaní de Gwadar, en el mar de Arabia, pasando por puntos tan sensibles de la geografía afgana como Herat y Kandahar. El gasoducto costará entre dos y tres millardos de dólares y reportará unos 300 millones anuales a la deprimida y anárquica economía afgana, generando a su paso, se calcula, unos 12.000 puestos de trabajo. En su financiación participará el Banco Asiático de Desarrollo, que aporta a la obra 1.500 millones de dólares. Los trabajos deben inciarse en junio del 2003. El proyecto tiene su origen en los años noventa, cuando la compañía estadounidense Unocual y las grandes firmas de Uzbekistán, Turkmenistán y Pakistán, y el gran consorcio ruso Gazprom negociaban con el régimen de Kabul, hasta que todo se frustró cuando los talibán tomaron capital afgana, en 1996. En aquel momento se contemplaban posibilidades diversas, incluido el paso del gasoducto por Irán. Gazprom se retiró en febrero de 1998, muy poco antes de estallar la guerra civil afgana. Según la versión oficial estadounidense –de la Administración Clinton, en aquellos momentos– el proyecto se frustró a raíz de los atentados de Al Qaeda contra las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania en el verano de 1998, lo que provocó los bombardeos de bases de la organización de Ossama Bin Laden en territorio afgano. Justo a finales de este año, Unocal decidió retirarse del proyecto, alegando razones políticas diversas. El gasoducto permaneció en un limbo hasta el año pasado, con la derrota de los talibán en la campaña de bombardeos impulsada por el nuevo equipo “duro” de la Casa Blanca, encabezado por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, relacionados con Unocal y con la industria energética en general en el pasado. Los yacimientos de gas de la ex república soviética de Turkmenistán son los cuartos en importancia mundial y, por primera vez, su producción no atravesará territorio de la Federación Rusa. Según los expertos, no obstante, el mayor interés de este gasoducto sería que pudiera atravesar también territorio de India, pero las autoridades de Nueva Delhi se han mostrado refractarias, debido a sus conflictivas relaciones con Pakistán. La pacificación de Afganistán, junto con el acercamiento entre India y Pakistán, enemigos jurados, son dos de las metas principales de EE.UU. para el tendido del gasoducto, aparte de la hegemonía energética en el sur de Asia. En cualquier caso, el proyecto supone un triunfo en las ambiciones de Estados Unidos en Asia central, que se completa con el oleoducto que transportará petróleo del mar Caspio desde Uzbekistán hasta el sur de Turquía a través de Georgia, forzando con todo ello la mano de Rusia en una zona histórica de influencia. Con el nuevo gasoducto se podrán atender los sedientos mercados energéticos del sur de Asia y del Sudeste Asiático, y asimismo con las ricas reservas del Caspio, que guarda más de 6 billones de metros cúbicos de gas. Según el periodista pakistaní Ahmed Rashid, en 1998, la demanda energética asiática y las sanciones estadounidenses contra Irán hicieron de Afganistán “la única ruta posible” para los planes de Unocal, pero cuando los talibán pidieron a cambio de los derechos de paso más de cien millones de dólares anuales para construir carreteras, recursos hidrológicos, líneas telefónicas y eléctricas, así como un “grifo” propio para proveerse del gasoducto, la compañía norteamericana dijo, finalmente, que no. Hamid Karzai declaraba ayer que los ingresos por los derechos de paso del gasoducto facilitarán “la construcción de autopistas, mejorarán las comunicaciones y permitirán la construcción de ferrocarriles”. Una de las dos grandes ciudades por las que pasará la gran tubería, Kandahar, antigua capital de los talibán del mulá Omar, está bajo el control del presidente entronizado por Estados Unidos, pero la otra, Herat, en el oeste del país, “pertenece” al “señor de la guerra” Ismail Jan, próximo al régimen iraní.