http://www.abc.es/internacional/noticia.asp?id=74594&dia=Hoy
El caso Enron destapa nuevas
sorpresas cada día: mientras el vicepresidente Dick Cheney desafió ayer a los
investigadores del Congreso y aseguró que no revelaría con quién discutió la
política energética de la Casa Blanca, el escándalo llegó a las costas de
Florida, un Estado gobernado por Jeb Bush, hermano del presidente.
De la exuberancia irracional de
los mercados a la bancarrota de Enron, el conglomerado energético y financiero
mas atractivo de Wall Street hasta que no hubo forma de seguir disimulando las
pérdidas y llego la quiebra.
Ahora es Florida, un Estado
gobernado por Jeb Bush, hermano del presidente, y que ha perdido 335 millones
de dólares de los fondos de pensiones estatales invertidos en Enron.
Aparentemente libre de volver a
dormir en su residencia oficial del Observatorio de la Marina, después del
periodo especial implantado el 12 de septiembre, en que el vicepresidente era
mantenido «en lugar secreto y seguro» para evitar que un ataque por sorpresa
descabezara de un tajo a la cúpula del poder ejecutivo, Dick Cheney vuelve poco
a poco a asomarse al escenario político, cada vez mas enrarecido por las
secuelas del caso Enron.
El vicepresidente acudió ayer a
una emisora de televisión para proclamar que en ningún caso entregará a la
independiente Oficina General de Contabilidad, vinculada al Congreso, la lista de
los altos directivos de empresas mineras y energéticas (entre ellos parece ser
que varios ejecutivos de Enron, incluído su presidente, Kenneth Lay) que
pasaron por su despacho mientras formulaba las prioridades nacionales en tan
delicado asunto.
Cheney argumentó que si esa
lista salía a la luz mermaría su capacidad para recibir asesoramiento en el
futuro. El interventor general de Estados Unidos, David M. Walker, dió a
entender la pasada semana que estudiaba la insólita medida de querellarse
contra la Casa Blanca si el vicepresidente sigue diciendo nones.
Dick Cheney dijo que la
curiosidad de los investigadores y congresistas demócratas «no tiene
precedentes», y añadió: «Lo que reclaman es una lista de todos los que se han
entrevistado conmigo, de todo lo que hablamos y cualquier consejo que haya
recibido, incluídas las notas que se tomaron y los minutos que duraron esos
encuentros». Para el vicepresidente eso supondría que le sería «virtualmente
imposible volver a sostener conversaciones confidenciales con nadie».
Mientras que en la Casa Blanca
sus altos cargos y fontaneros tratan de evitar que las salpicaduras del
escándalo Enron manchen el puente de mando, el «New York Times» publicaba ayer
la primera encuesta sobre los efectos cuantificables del caso en los electores
y la ciudadanía. También publicaba la lista de instituciones de todo el país
que habían puesto sus fondos de pensiones o bonos estatales en Enron, y lo que
han perdido con la Administración del Estado de Florida, donde es gobernador
Jeb Bush, hermano del presidente: 335 millones de dólares. A distancia le sigue
la Universidad de California, con 144 millones de dólares, y así hasta una
larga lista de penitentes.
En Florida, como en buena parte
del país, las arcas de Enron se abrieron de forma especialmente generosa para
financiar la campaña de numerosos candidatos, entre ellos la de Jeb Bush para
gobernador.
Respecto a la encuesta,
realizada por el «Times» y la cadena de televisión CBS, la mayoría de los
estadounidenses cree que el escándalo Enron salpica más a los políticos
republicanos que a los demócratas.
Así, el 44 por ciento de los
encuestados cree que los directivos de la empresa energética y de servicios
financieros tenían relación con miembros del Partido Republicano, además de una
creciente sospecha de que de que el Gobierno de George W. Bush esconde algo o
miente respecto a los compromisos que tenía contraídos con la corporación.