El escándalo Enron ronda también al hermano del presidente Bush

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El caso Enron destapa nuevas sorpresas cada día: mientras el vicepresidente Dick Cheney desafió ayer a los investigadores del Congreso y aseguró que no revelaría con quién discutió la política energética de la Casa Blanca, el escándalo llegó a las costas de Florida, un Estado gobernado por Jeb Bush, hermano del presidente.

 

 

De la exuberancia irracional de los mercados a la bancarrota de Enron, el conglomerado energético y financiero mas atractivo de Wall Street hasta que no hubo forma de seguir disimulando las pérdidas y llego la quiebra.

 

Ahora es Florida, un Estado gobernado por Jeb Bush, hermano del presidente, y que ha perdido 335 millones de dólares de los fondos de pensiones estatales invertidos en Enron.

 

Aparentemente libre de volver a dormir en su residencia oficial del Observatorio de la Marina, después del periodo especial implantado el 12 de septiembre, en que el vicepresidente era mantenido «en lugar secreto y seguro» para evitar que un ataque por sorpresa descabezara de un tajo a la cúpula del poder ejecutivo, Dick Cheney vuelve poco a poco a asomarse al escenario político, cada vez mas enrarecido por las secuelas del caso Enron.

 

El vicepresidente acudió ayer a una emisora de televisión para proclamar que en ningún caso entregará a la independiente Oficina General de Contabilidad, vinculada al Congreso, la lista de los altos directivos de empresas mineras y energéticas (entre ellos parece ser que varios ejecutivos de Enron, incluído su presidente, Kenneth Lay) que pasaron por su despacho mientras formulaba las prioridades nacionales en tan delicado asunto.

 

Cheney argumentó que si esa lista salía a la luz mermaría su capacidad para recibir asesoramiento en el futuro. El interventor general de Estados Unidos, David M. Walker, dió a entender la pasada semana que estudiaba la insólita medida de querellarse contra la Casa Blanca si el vicepresidente sigue diciendo nones.

 

Dick Cheney dijo que la curiosidad de los investigadores y congresistas demócratas «no tiene precedentes», y añadió: «Lo que reclaman es una lista de todos los que se han entrevistado conmigo, de todo lo que hablamos y cualquier consejo que haya recibido, incluídas las notas que se tomaron y los minutos que duraron esos encuentros». Para el vicepresidente eso supondría que le sería «virtualmente imposible volver a sostener conversaciones confidenciales con nadie».

 

Mientras que en la Casa Blanca sus altos cargos y fontaneros tratan de evitar que las salpicaduras del escándalo Enron manchen el puente de mando, el «New York Times» publicaba ayer la primera encuesta sobre los efectos cuantificables del caso en los electores y la ciudadanía. También publicaba la lista de instituciones de todo el país que habían puesto sus fondos de pensiones o bonos estatales en Enron, y lo que han perdido con la Administración del Estado de Florida, donde es gobernador Jeb Bush, hermano del presidente: 335 millones de dólares. A distancia le sigue la Universidad de California, con 144 millones de dólares, y así hasta una larga lista de penitentes.

 

En Florida, como en buena parte del país, las arcas de Enron se abrieron de forma especialmente generosa para financiar la campaña de numerosos candidatos, entre ellos la de Jeb Bush para gobernador.

 

Respecto a la encuesta, realizada por el «Times» y la cadena de televisión CBS, la mayoría de los estadounidenses cree que el escándalo Enron salpica más a los políticos republicanos que a los demócratas.

 

Así, el 44 por ciento de los encuestados cree que los directivos de la empresa energética y de servicios financieros tenían relación con miembros del Partido Republicano, además de una creciente sospecha de que de que el Gobierno de George W. Bush esconde algo o miente respecto a los compromisos que tenía contraídos con la corporación.