Fuente: ABC
El estudio «Viento Fuerza 12»
analiza el potencial que la industria eólica está en condiciones de aportar
a la demanda eléctrica en el año 2020 En unos días pasados en que la actualidad
informativa ha estado marcada por el desastre provocado por el hundimiento
del petrolero «Prestige», llega el momento de poner el acento sobre el uso
de energías alternativas a los combustibles fósiles y la energía nuclear.
Ese es el objetivo del estudio «Viento fuerza 12», elaborado por Greenpeace
y la Asociación Europea de Energía Eólica. En él se analiza el potencial que
la industria eólica -teniendo en cuenta su tasa de crecimiento (40% anual)
y los recursos eólicos disponibles- está en condiciones de aportar el año
2020. Este potencial se ha calculado en un 12 por ciento de la producción
de electricidad mundial y un 20 por ciento en Europa. En la presentación del
informe, Dolores Romano, presidenta de Greenpeace España, no quiso dejar pasar
el ejemplo del «Prestige» al asegurar que «estamos sufriendo las consecuencias
ambientales, sociales y económicas que tiene el petróleo como fuente de energía».
Ésta es la cara dramática de este tipo de energías -las mareas negras-, pero
también las energías convencionales tienen consecuencias preocupantes, como
el cambio climático. Lucha contra el cambio climático En este sentido, el
informe analiza los beneficios medioambientales del uso de energías limpias
para la generación de electricidad, concluyendo que el más importante es la
reducción de los niveles de dióxido de carbono, el principal responsable del
efecto invernadero. Según explicó José Luis García, responsable de la campaña
de Energías Limpias de Greenpeace, si se tiene en cuenta que el valor medio
del dióxido de carbono evitado mediante el cambio a energía eólica es de 600
toneladas por gigawatio/hora (GWh), el ahorro anual según este escenario -12
por ciento de energía eólica en 2020- será de 1.856 millones de toneladas
de CO2 en 2020 y 4.800 millones en 2040. Los ahorros acumulados durante estos
años contados a partir de 2001 supondrían que se habrían dejado de emitir
a la atmósfera 11.768 millones de toneladas de CO2 en las dos primeras décadas
de este siglo y más de 86.000 millones de toneladas si tomamos como objetivo
el año 2040. No obstante, y a pesar de que ese potencial de alcanzar el 12
por ciento a nivel mundial existe, y en Europa podría ser del 20 por ciento
para ese mismo año, desde Greenpeace y la Asociación de Productores de Energías
Renovables (APPA) se asegura que para conseguir ese objetivo es necesario
eliminar trabas políticas. Así, los recursos eólicos mundiales se estiman
en 53.000 TWh/año, mientras que el consumo eléctrico es de 15.578 TWh/año
y se espera que aumente a 25.818 para 2020. En la actualidad, Eolo satisface
las necesidades de electricidad de unos 14 millones de hogares en todo el
mundo. Y dentro de este panorama, Europa ejerce un papel de liderazgo. El
75% de la potencia eólica del mundo se concentra en Europa y el 80 por ciento
de las turbinas son de origen europeo. España tiene un potencial eólico aprovechable
de 43.000 megawatios, lo que a juicio del secretario general de APPA, Manuel
de Delás, le permitiría satisfacer en 2020 un mínimo del 20% de su demanda
eléctrica prevista. No obstante, afirma que falta más voluntad política «para
alcanzar las cotas deseables». Mientras en otros países europeos la red está
obligada a acudir donde está la producción, en nuestro país los productores
deben financiar la línea hasta la red preexistente.