El gobierno corporativo se abre paso para impedir casos como el de Enron 

Fuente: Expansión

 

Los Quince instaron al Ecofin en Sevilla a seguir avanzando en el diseño del código del buen gobierno de las empresas, unas normas de conducta que pretenden impedir la traslación e casos como el de Enron a Europa y que darán pautas para la retribución de directivos. 

 

 

El caso Enron, la quiebra de mayor cuantía en la historia empresarial, preocupa y mucho en el Consejo Europeo. Hasta el punto, que los jefes de Estado y de Gobierno han encontrado un hueco en sus discusiones y, en consecuencia, en la declaración de principios de Sevilla. En ella, los líderes europeos advierten que una serie de “acontecimientos recientes”, en alusión a la bancarrota de la compañía energética norteamericana, entre otros, “han puesto de manifiesto la importancia de una gestión sana de las empresas, especialmente de aquellas que actúan en los mercados de capitales”.

 

Bajo esta premisa y el mandato incluido en la cita económica del Consejo el pasado marzo en Barcelona, los Quince han ampliado el periodo de reflexión al grupo de expertos encargado de confeccionar este código de buena conducta sobre la gobernanza corporativa con objeto de perfilar las recomendaciones “idóneas” para la gestión y las auditorías empresariales.

 

Pero no se anclan aquí. Los jefes de Estado y de Gobierno consideran necesario definir “el papel de los directivos sin funciones ejecutivas”, así como de los "órganos de vigilancia” y supervisar las fórmulas de retribución del personal con contrato de alta dirección para determinar “las responsabilidades” que se puedan derivar de sus actuaciones en “información financiera y prácticas de auditoría”.

 

El ministro de Asuntos Exteriores español, en declaraciones a EXPANSIÓN, fue aún más claro. “Es importante que estos códigos obtengan el consenso y sirvan de guía de comportamiento para que las empresas se adapten a las exigencias de la globalización y definan mejor la responsabilidad de los consejeros que no forman parte del equipo directivo”, señala Josep Piqué.

 

En su opinión, estas normas, que no deben ser obligatorias como corresponde a “la tradición de las economías más avanzadas”, deben, en cambio, concretar “criterios claros de remuneración de directivos de empresas que están en los mercados de valores”.

 

Hasta ahora, el grupo de alto nivel que preside el holandés Jaap Winter, responsable de las comisiones del consejo de Unilever, aboga por que cada país confeccione su propio código a partir de unos principios comunes que garanticen su armonización por entender que afectarán necesariamente a las legislaciones mercantiles de cada socio, con sus particularidades específicas. Además, el Informe Winter, en su redacción actual, refuerza el grado de responsabilidad de los miembros del consejo de administración e insta a las firmas a explicar su nivel de adecuación al código.

 

La versión definitiva del documento, que se entregará a la presidencia danesa que comienza en julio, incluirá un análisis sobre la independencia de agentes económicos como consultores, auditores y analistas financieros y otro sobre la necesidad de fijar normas específicas a los pequeños accionistas y los cambios en la regulación de opas.