Fuente: Las Provincias
Asegura que queda petróleo para
pocas décadas y que el desarrollo de China acelerará la escasez La empresa
española Abengoa ya fabrica en Cartagena alcohol que vende a Repsol, ha comprado
en EE.UU. tres plantas y está montando otras dos en Galicia y Salamanca. El
ingeniero valenciano José Sancho lo pone como ejemplo de que "el futuro energético
está en el alcohol'' y propone que se aumente el cultivo de remolacha con
este fin. VICENTE LLADRÓ (VALENCIA) Caerían varios pájaros de un tiro. Se
solventaría la actual dependencia del petróleo y del continuo temor a que
se acabe y se encarezca, se reduciría extraordinariamente la contaminación
y se daría viabilidad a millones de hectáreas de cultivos europeos excedentarios
o con problemas, que seguramente tendrán que abandonarse cuando se materialice
la desaparición de ayudas de la UE y la total apertura a las importaciones
de países terceros. José Sancho, que a sus 90 años mantiene intacta la ilusión
por innovar, asegura que el futuro energético está en potenciar el uso masivo
de la biomasa, y él propone utilizar el cultivo de remolacha, como otros hablan
de otros productos agroindustriales e incluso de plantas euforbiáceas (cardos,
cactus...) Para remarcar su credibilidad, Sancho recuerda que ya predijo en
1956 un futuro agrícola con campos cubiertos de plásticos para luchar contra
el frío y adelantar cosechas, al igual que vaticinó que la viabilidad de la
exportación naranjera estaba en modernos y rápidos buques frigoríficos, como
se hace ahora con Norteamérica. Hace veinticinco años logró viajar con un
coche que se alimentaba de aire comprimido, un proyecto que ahora le ha arrebatado
un industrial francés. Este veterano ingeniero cita estudios del Eurostaf
de París para advertir que "nos queda petróleo para unos cuarenta años, y
es probable que cuando China y todo el Sureste asiático despierten, este plazo
se acelerará''. Las prospecciones estratégicas mundiales coinciden en estas
apreciaciones y las recientes conclusiones de apertura capitalista del Partido
Comunista chino caminan en ese sentido. Es posible que dentro de cierto tiempo
no haya bastante petróleo para todos, e incluso que, mucho antes, se ponga
a precios prohibitivos. Por otra parte está la problemática cuestión medioambiental,
de la que el más reciente y dramático ejemplo es el del desastre ecológico
del petrolero Prestige. La industria más avanzada del mundo, como la española
Abengoa, ya camina por la senda del alcohol, que es la traducción más viable
de ese conjunto que se conoce como biomasa, inagotable y renovable. Su gran
ventaja es la de ser una especie de "circuito cerrado'' en cuanto a las emisiones
de anhídrido carbónico. Las plantas (de remolacha o lo que sea) absorben,
mediante la fotosíntesis, el CO2 atmosférico que luego se desprende de la
combustión de esa misma materia, y así sucesivamente. El saldo es neutro,
no como ahora, cuando se está liberando en poco tiempo lo que tardó millones
de años en generarse y a un ritmo superior a la capacidad vegetal del planeta.
Además, al quemarse el etanol (o cualquier otro alcohol) sólo se desprenden
CO2 y agua, ningún otro compuesto sulfuroso o nitrogenado, como en el caso
del petróleo. Sancho ha estudiado la rentabilidad agronómica de la remolacha,
de la que se obtiene azúcar y éste se puede convertir en alcohol, mientras
que los suproductos se destinan a piensos de animales. Con una productividad
media de 35.000-50.000 kilos por hectárea (en muchos sitios se rebasan los
100.000) se obtendrían unos rendimientos netos de 4.200 euros (700.000 pesetas)
por hectárea, se frenarían cultivos en fase excedentaria y se daría salida
a muchas áreas del interior con difíciles alternativas.