El BBVA reduce su participación
en empresas emblemáticas como Telefónica, Iberdrola y Repsol
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El BBVA movió el año pasado su
cartera de participaciones con el fin de obtener plusvalías que luego ha
destinado a más saneamientos del balance. El banco realizó ventas por importe
de casi 2.100 millones de euros de sus participaciones estables, con unas
plusvalías de más de 950 millones. La venta afectó a las principales empresas
de la cartera, como Telefónica, Iberdrola o Repsol.
El BBVA continuó el año pasado
con su tradicional política de rotación de la cartera de valores, cuyo fin es
la obtención de plusvalías que sirvan para apoyar los saneamientos de los
fondos de comercio generados en la expansión en Iberoamérica y otras
provisiones.
El pasado 30 de enero, el
presidente de la entidad, Francisco González, aseguró que «ni en 2001 ni en
este año se van a producir variaciones significativas en las principales
participaciones de la entidad».
Los datos de la auditoria de
cierre del año pasado dan cuenta de la venta de paquetes de acciones de las
principales participadas. La mayor reducción se produce en Repsol YPF, compañía
en la que a principio de año contaba con un 9,85% y termina 2001 con 8,34%.
Durante el año pasado, vendió un 1,52% de la compañía petrolera, que le produjo
un beneficio de casi 85 millones de euros (14.100 millones de pesetas). A la
vez, en los últimos meses de 2001, coincidiendo con el bajón en Bolsa, adquirió
un 0,18% de la empresa que preside Alfonso Cortina. No obstante, la mayor caída
de Repsol se produjo a principios de este año. Estas ventas han llevado a que
el banco rebaje a un 8% el paquete en la petrolera que considera estable.
Mientras, La Caixa aumenta su posición.
Pero las plusvalías más jugosas
proceden, como solía ocurrir en años anteriores, de la venta de acciones de
Telefónica, que en el último ejercicio le han aportado 353 millones de euros de
beneficio (más de 58.700 millones de pesetas), que equivalen a más de la
tercera parte de todas las plusvalías registradas el año pasado. La auditoria
no es muy explícita en el movimiento de las acciones y asegura que la mayor
parte de lo que ha vendido son participaciones que tenía cubiertas con
operaciones de futuros. Al cierre del año pasado la participación en la
operadora era del 6,05%, un 0,31% menos que un año antes, y considera estable
únicamente el 5,14%.
PAQUETES ESTABLES MÁS PEQUEÑOS
Esta evolución no tiene nada que
ver con la que se presumía hace dos años, cuando el banco y la operadora,
entonces presidida por Juan Villalonga, firmaban una alianza estratégica que
teóricamente estaría vigente, por la que el BBVA tomaría hasta un 10% de
Telefónica, de la que tenía en ese momento un 9,1%, y ésta compraría un 3% del
banco.
A Iberdrola también le tocó el
turno, con la venta de un 0,83% del capital de la eléctrica, lo que le produjo
un beneficio de poco más de 36 millones de euros (6.000 millones de pesetas).
Al deshacerse de estas participaciones, de nuevo ha tenido que recortar la
participación que considera estable, que pasa a ser del 8,1%.
Visto el recorte en la
consideración de paquetes estables, se adivinan ventas en este año. Así, en
Iberdrola y Repsol se coloca en poco más del 8%, cuando hace poco tiempo tenía
alrededor del 10% en ambas compañías. En Telefónica, la reduce hasta un 5,14%,
del que un 1,4% no lo puede consolidar por puesta en equivalencia al tratarse
de compras cubiertas con derivados. Entre ampliaciones de capital en Telefónica
para comprar compañías (como Endemol) y las sucesivas ventas, el BBVA ha
reducido una tercera parte su peso en la primera empresa española por valor en
Bolsa. Pero independientemente de la continuidad en la rotación de la cartera
de participaciones industriales, que, como todo, son estables hasta el día que
se venden, la cuestión es la política que va a seguir Francisco González una
vez que han dejado el banco Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, presidente y
consejero delegado del BBV, respectivamente.
LA OPERACIÓN EUROPEA
Francisco González señaló a
finales de enero que durante este año no iba a haber cambios significativos en
el grupo industrial. Sin embargo, internamente ha transmitido que a él no le
convencen muchas de las servidumbres que crean estas participaciones.
Las tres consideraciones básicas
que ha hecho saber llevarían a considerar que piensa en un proceso de ventas
ordenado. Primero, considera que son muy caras en términos de consumo de
recursos propios; segundo, que generan tensiones con los gobiernos vasco y
central, que tienen sus propias pautas para algunas de las grandes empresas;
tercero, distraen a equipos del banco que se dedican al seguimiento de estas
compañías, y, cuarto, Francisco González no cree en los «núcleos duros» como
sistema de control de las empresas, y el BBVA forma parte de los mismos en
Repsol y Telefónica, junto con La Caixa, y en Iberdrola, con la BBK.
Francisco González se ha marcado
como prioridad cerrar una compra en Europa, según ha dicho públicamente. Esa
operación obligará al banco a acumular recursos con los que financiar la
adquisición. Quizás por eso ahora busque argumentos para seguir vendiendo
participaciones. De hecho, la única compra relevante que el banco hizo el año
pasado fue el 4,87% de la BNL italiana, que le costó 398 millones de euros (más
de 66.000 millones de pesetas).